No hay necesidad más apremiante que construir un mundo fraterno y solidario, en consecuencia el Movimiento Civil por la Unidad rechaza de manera categórica esta escalada de violencia, interna y externa, que está padeciendo nuestra infortunada patria. La inseguridad generalizada ha decretado una virtual guerra civil en lo interno y las posturas belicosas y beligerantes están provocando un desafortunado clima de confrontación armada con Colombia. El rechazo a los acuerdos militares de ese país con los Estados Unidos no justifican, bajo ninguna circunstancia, un conflicto militar entre dos países hermanados desde siempre por la geografía, la historia y la cultura.
Si queremos construir la gran patria Latinoamericana, el peor camino es la tentación de la guerra o la pretensión totalitaria de una ideología hegemónica.
El país anhela vivir en un ambiente de libertad y democracia. Nuestra República debe ser una República Civil. Ningún liderazgo personal y ningún gobierno están por encima de la Constitución y las Leyes y nadie, absolutamente nadie, puede atribuirse la representación mesiánica de todo un pueblo. Es inmoral traficar con las necesidades y carencias de nuestros semejantes y en particular de los más humildes y necesitados. Estos son portadores de una dignidad irrenunciable que no desean dádivas populistas sino oportunidades reales de promoción humana y social, sustentado en un proyecto educativo que garantice empleo, estabilidad y la posibilidad de una autorrealización moral, intelectual y material. Ellos mandan en su hambre y no negocian su dignidad ni renuncian a ser dueños de su destino, protagonistas de su propia historia.
Es cómodo y engañoso hablar a nombre del pueblo desde la riqueza y los privilegios del poder. Venezuela nos necesita a todos y, en estos tiempos menguados de riesgo y temor, lo que hace falta es respeto, diálogo, tolerancia y equilibrio. Somos y queremos seguir siendo una república civil, societáriamente abierta, inclusiva y solidaria. Queremos ser constructores de fraternidad y de paz.
Nunca más oportuno que el tiempo de la Navidad para reivindicar el derecho absoluto de los venezolanos a vivir en paz entre nosotros mismos, así como con nuestros vecinos.
Igualmente este es un tiempo propicio para exigir la liberación de todos los presos políticos y solicitar de manera categórica que no se siga propiciando, con la persecución y la descalificación, el exilio forzado de millares de compatriotas.
¡No a la guerra.!
¡Libertad para los presos políticos.!
Hoy más que nunca creemos que el ciudadano es más importante que el Gobierno, y la Sociedad más importante que el Estado.