No hay acción ni proyecto político más importante en esta coyuntura electoral del 2010 que participar activamente y elegir la mayor cantidad posible de diputados para la Asamblea Nacional. Invitamos a quienes estén dispuestos a detener y rectificar un proyecto oficialista que no sólo es autoritario, guerrerista, destructor y entreguista, sino que, además, ha puesto en marcha una corrupción de dimensiones tan grandes que no tiene parangón en la historia de nuestro país.
Las circunstancias son muy favorables, tanto por la grave crisis económica como por la manifiesta incapacidad del gobierno nacional para resolver las múltiples necesidades de los ciudadanos: entre muchas otras cosas, la carestía, la inseguridad y la precariedad de los servicios básicos.
El proceso electoral no será fácil por el obsceno ventajismo presidencial y por el sesgo partidista del CNE, pero estos escollos son superables con una avalancha de votos, producto del grado de conciencia que los ciudadanos tienen hoy del estruendoso fracaso del Gobierno, como ha sido demostrado por las últimas encuestas que reflejan la trascendente impopularidad del proyecto oficial. .
El venezolano se cansó de vivir de palabras y discursos vacíos. Lo que percibe es un personaje agotado y repetitivo que naufragó en su propia palabrería y en la acción antinacional de cercenar a una Venezuela rica y productiva, para favorecer a intereses trasnacionales ajenos a nuestra realidad y necesidades. La mayoría de los venezolanos, tanto disidentes como del mismo sector oficialista, ni es marxista ni es comunista, y rechaza masivamente un proyecto castro-cubano fracasado, como puede verse después de medio siglo de tiranía y miseria.
La oposición democrática ha hecho su trabajo, aún con sus limitaciones, al ofrecernos una lista y una agenda parlamentaria unida, que garantizan la organización y control del proceso eleccionario. Es igualmente importante la disidencia de antiguos seguidores del líder fracasado, que no están dispuestos a aceptar la pérdida de un proyecto democrático, dentro del marco constitucional que hoy este gobierno abandona, en su obsesión por una necrofilia ideológica que está fuera de la Historia.
La idea es recuperar la Asamblea para el diálogo y el debate, para el equilibrio y la discusión sensata, fundamentalmente para hacer leyes que ayuden a reconstruir el país destrozado, unificarlo espiritualmente y además para el control de los desafueros gubernamentales.
El tiempo, es propicio. Este es un régimen acabado que sólo puede seguir desangrando al país.
El PSUV luce débil y desmoralizado: a duras penas pudo convocar a un millón de supuestos militantes, entrampados y burlados en una farsa de participación, ya que al final los candidatos fueron los que el dedo del Presidente señaló.
Para poder salvar lo que nos queda de país, debemos convencer a una población que pudiera estar cansada y escéptica, y señalarle el peligro que representaría una Asamblea Nacional perdida, lo que al final pudiera inclusive significar, a futuro, una composición político-territorial donde el Zulia aparezca descuartizado, así como sacrificada su identidad, su fuerza y su protagonismo histórico, en fin, ¡la zulianidad!
Hoy más que nunca creemos que el ciudadano es más importante que el Gobierno, y la Sociedad más importante que el Estado.
Maracaibo, ,6 de Junio de 2010