Hoy, más que nunca, la sociedad civil en su conjunto está obligada a actuar en defensa de la Nación y su futuro democrático: frente a la amenaza creciente de un estatismo autoritario y un proyecto autocrático de poder no podemos seguir permitiendo una división antinacional en la República. Aquí debemos convivir y competir democráticamente “chavistas” y “antichavistas”, exchavistas y disidentes en general. Las “oposiciones” pueden ser muchas, pero el gobierno del Estado no puede estar subordinado a un solo individuo, ni la sociedad acostumbrarse a los caprichos del que ejerce este poder y su constante desprecio a los derechos civiles y a la opinión pública.
Tal como afirmara el Movimiento Civil por la Unidad en su declaración de principios hecha pública el 19 de julio pasado, hay que derrotar, con propuestas novedosas y un discurso de altura centrado en valores, a los candidatos del oficialismo por la sencilla razón que este modelo ha fracasado en su gestión pública.
“La Venezuela civil de Santos Michelena, Fermín Toro, Cecilio Acosta, Rómulo Gallegos, Jesús Enrique Lossada y tantos otros debe prevalecer en nuestra formación y consciencia como expresión de una cultura nacional caracterizada por la convivencia plural y el respeto, que reivindique de manera definitiva a Vargas frente a Carujo.
“El proyecto republicano y democrático, por definición, es un proyecto civil y civilizatorio, Para garantizarlo tenemos que estar unidos frente a cualquier pretensión hegemónica y autoritaria sin importar el signo ideológico y político de los mismos.
“Las “oposiciones” tenemos que unirnos electoralmente en este noviembre crucial. No se trata solo de derrotar a un gobierno inepto y corrupto, sino además, al imperativo político de crear un equilibrio necesario de poderes que permita seguir avanzando en un proyecto de país compartido, no importa las discrepancias y las posiciones divergentes. El Proyecto País debe ser un programa político que no puede ser excluyente en ningún sentido y que responde a las tendencias universales y civilizatorias, así como a las necesidades concretas de la gente en función de ofrecer posibilidades de desarrollo y promoción humana para todos los ciudadanos.”
Es, desde esa perspectiva, que nos animamos como ciudadanos a adherirnos a la Declaración de Principios. Es impostergable la unidad en torno a liderazgos formados en la lucha social y en los que, siendo emergentes, representan una esperanza de dignificación del ejercicio político. Se requiere la unidad en torno a un proyecto de país donde se garanticen los derechos humanos fundamentales y se respeten los valores democráticos
¡Trabajamos para que la sociedad sea más importante que el Estado!
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